
LA MUERTE CELULAR PROGRAMADA.
Las células proliferativas, quiescentes y
fijas-postmitóticas pueden ser eliminadas en cualquier momento de su ciclo
celular.
Esta eliminación
puede estar mediada por mecanismos internos celulares o por la acción de
agentes externos. La apoptosis es el proceso por el cual una célula entra en
degeneración y termina con su eliminación al activarse un mecanismo
intracelular (un proceso interno). Por las peculiaridades que presenta, también
es conocida como “suicidio celular” o “muerte celular programada” (MCP). La
necrosis es el resultado de la muerte y eliminación de la célula, pero en este
caso se produce como consecuencia de la acción de un agente externo
(traumatismo, etc.).
Aunque la apoptosis y la necrosis tienen un final común,
cual es la eliminación de la célula afectada, ambos procesos como ya hemos
comentado, tienen un inicio o desencadenante diferente. Pero lo más
característico de ambos es que los sistemas que empleará la célula para
conducir a su muerte son diferentes y, su conocimiento ha producido un
importante avance en el campo de la investigación de la longevidad celular.
La necrosis de una célula sucede cuando algún agente externo
(traumatismo, tóxico, agentes infecciosos, etc.) actúa sobre ella induciendo su
muerte. Las células que degeneran ocasionan una serie de reacciones locales que
conducen a respuestas de tipo inflamatorio que son probablemente la
manifestación más importante de este proceso.
La acción del agente inductor de la necrosis produce una alteración
en las membranas plasmática y mitocondrial, donde se alojan las bombas iónicas
(fundamentalmente de Na+, K+ y Ca++) que se encargan de mantener el adecuado
equilibrio iónico intra-extracelular. Esta alteración en los sistemas
homeostáticos dispara un mecanismo de defensa frente a la alteración de la
homeostasis. Así, el núcleo de la célula comienza a transcribir ADN con
información para la síntesis de proteínas protectoras de la célula (hsp –
heat-shock proteins-, chaperonas). En ocasiones estas proteínas son capaces de
restaurar las funciones celulares, pero en otras no y es entonces cuando la
célula continuará de manera inevitable hacia su destrucción.
Los iones Na+ y Ca++ comienzan a entrar en la célula y son
acompañados de agua, para mantener el equilibrio osmótico, lo que determina que
los diversos organoides celulares (mitocondrias, retículo, etc.) sufran un
proceso de hinchazón y fragmentación intracelular (Figura 5). Asimismo el
citosol se llena de agua y electrolitos y, la célula en su conjunto sufre un
proceso de turgencia general que conduce a una vacuolización, ruptura de la
membrana citoplasmática e inicio de una reacción inflamatoria por la liberación
de moléculas proinflamatorias (Edinger y Thompson, 2004).